ADMINISTRACIÓN MILITAR ROMANA

Hasta aquí he hablado del funcionamiento de las ciudades romanas en todo el Imperio. Este funcionamiento afectaría, a Asturica y a Lancia, las más cercanas a la actual ciudad de León que entonces era el único campamento militar de la Península y gozaba de una administración diferente: la militar. Por ello, concluiré mi periplo por la organización romana en sus provincias con una leve mención a la militar.

La existencia de un ejercito permanente en Hispania fue debido a que hasta el siglo I no toda la Península estaba sometida. En el Norte aún quedaban tribus insumisas contra las que el propio Augusto dirigió una campaña en el año 27 a. C. En el transcurso de esta campaña sería sometida la ciudad astur de Lancia.

Las tribus cántabras y astures fueron “oficialmente” sometidas el año 19 a.C, pero ni aún así se retiró el acuartelamiento de la actual León. Ello se debió, al parecer a que el norte era una zona no demasiado romanizada, con poco desarrollo de las ciudades y que, además contaba con unas importantísimas minas de oro: Las Médulas. De esta manera, el ejercito tenía como misión, además de vigilar y cuidar las minas, implantar la administración romana para llegar a asentar el sistema urbano y, por lo tanto, una explotación pacífica de las minas.

Al principio, el ejército de ocupación se diseminaba en forma de legiones y tropas auxiliares por todo el norte, desde la Gallaecia hasta los Pirineos. La progresiva romanización, y por tanto urbanización fue reduciendo el número de tropas hasta quedar reducidas a un solo acuartelamiento: el de la Legio VII en época de Vespasiano. Las vicisitudes históricas, durante el llamado año de los tres emperadores, que trajeron esta legión a la Península, los he descrito ya en mi entrada dedicada al campamento.

En estos momentos de la Historia, Hispania ya no tenía fronteras, estaba bastante romanizada y la misión de la Legio VII se centró en el cuidado de las minas de oro. Esta función es otra de las “grandezas” históricas de León: no sólo tuvimos el único campamento militar de Hispania, uno de los dos únicos del occidente europeo, sino que, además, “nuestro” ejército no tenía, básicamente (aunque las mantuvo, claro está) funciones militares. Esto, añadido a su larga permanencia en el tiempo convirtió el campamento militar en otra “ciudad” más, salvando las distancias. Es decir, formaba parte de la vida de los civiles que rodeaban el acuartelamiento, ejerciendo funciones administrativas dentro de una sociedad civil y regularizada, y era igualmente un foco de “atracción” de las poblaciones indígenas. Por si fuera poco, la población civil, tanto indígena como itálica se convirtió a partir del siglo II en la única fuente de reclutas del ejército peninsular.

El ejército, además, estaba al servicio del gobierno de Tarraco, como institución provincial. Los soldados de la Legio VII, aunque tuvieran su cuartel en la actual León, se movían por toda la Península, a través de destacamentos, para cuidar de otras explotaciones mineras o para reprimir el bandolerismo, al servicio de las provincias vecinas. Es decir que, aunque sus funciones fundamentales eran administrativas y organizativas, “nuestros” soldados mantenían su función militar cuando las circunstancias así lo requerían.

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