LA CORONA Y SUS JOYAS

En mi artículo anterior quise centrar toda mi atención en la importantísima ciudad astur-romana de Lancia, yacimiento sobradamente valorado como uno de los más importantes de nuestra piel de toro, aunque olvidado por los oriundos, a pesar de su desaforada defensa de todo lo leonés. Es uno de esos misterios del proceloso mundo de la política y sobre todo del no menos intrigante del nacionalismo. En fin, allá ellos con sus neuras. Si el victimismo de acusar a todos de las propias desgracias, sin mirar la  inoperancia que las causa les resulta rentable, no voy a ser yo quien les quite la ilusión. Yo prefiero continuar con mi premisa, diametralmente contraria a la suya: creo que sólo es víctima quien cree serlo, sea porque es incapaz de ver más allá o sea porque tal visión le resulta rentable, para escurrir el bulto u obtener alguna que otra palmadita comprensiva en la espalda. Los demás somos hacedores de nuestro propio futuro y en nuestras manos está cambiar la realidad. Si los políticos se dedican a ejercer el “noble” oficio de la plañidera, alegando que no pueden hacer más o no pueden llegar más allá, las ciudadanas y los ciudadanos responsables tenemos que ser conscientes que si podemos ir más allá. En las urnas hemos votado a unos o a otros, pero, gobierne quien gobierne, nuestro voto no es un cheque en blanco para que hagan su santa voluntad. Si se equivocan, podemos y debemos hacérselo saber. Y si deciden cargarse nuestro pasado y nuestro futuro, también podemos actuar, con responsabilidad cívica, para protegerlo.

Con estas estoy, embarcada en una historia que a veces me resulta extraña, y otras, cuando veo la ilusión reflejado en el rostro de otras personas, importante. Quiero salvar el yacimiento arqueológico de Lancia para poder un día que espero no sea muy lejano, disfrutar paseando por toda la extensión de la antigua ciudad, disfrutando de sus templos, su foro, sus termas, su mercado y todo lo que nos deparen las futuras excavaciones, que sin duda sacarán a la luz grandes vestigios de la que fue la capital de los astures.

Sin embargo, a pesar de su gran importancia, Lancia no está sola. Es una gran promesa de futuro turístico y económico, pero tiene la gran suerte de ser una corona adornada con varias joyas, diseminadas a su alrededor. Y es que el yacimiento se encuentra situado en una de las zonas de la provincia de León más ricas en patrimonio y cultura. Entre el Esla y el Porma se encuentran diseminados otros restos que, unidos a la ciudad astur-romana, forman un conjunto indisoluble que haría las delicias de cualquier turista, proyectando la provincia a las más altas cimas de la cultura. Una somera enumeración de estos restos bastará para darse cuenta de las posibilidades turísticas que encierran:

  • Iglesia paleocristina de Marialba de la Ribera: queda un poco alejada de Lancia, pero se trata de otro yacimiento sumamente importante en la historia de España, que sólo cuenta con unos cuatro representantes de arquitectura paleocristiana. Al igual que Lancia, su posición fundamental en la historia de nuestro país, e incluso en la Europea, no le sirve para escapar de la desidia y necedad política.

Data del siglo IV, cuando Lancia se encaminaba a su fin y los cristianos comenzaban a gozar de libertad religiosa, lo que les permitía construir sus templos sin peligro. Nacía así un arte nuevo, el Paleocristiano, que se extendió, por el Imperio Romano de Occidente hasta la destrucción de este a causa de las invasiones bárbaras. De este arte cristiano primitivo quedan en Europa muy pocos restos, entre los que destaca, en León, esta iglesia que, pese a su importancia, ni se restaura, ni se explota para el turismo. Al igual que Lancia, es Bien de Interés Cultural desde 1985, contando además con la categoría de Monumento Histórico-Artístico y Arqueológico por Real decreto de 1979.

Antes de la crisis se intentó poner en valor, pero ya se han detenido todas las excavaciones, con lo que el yacimiento vuelve a estar olvidado, desaprovechando todas las oportunidades que podía ofrecer al turismo y al empleo. Se trata de una iglesia única en el norte de España por su carácter martirial, es decir, asociada al martirio de algún santo. Se trataría, en este caso del prior San Ramiro y de doce monjes del monasterio benedictino de San Claudio de León, asesinados en el siglo VI por orden del rey suevo Reciliano.

  • Monasterio de San Miguel de Escalada: En el siglo X se produjeron en Córdoba una serie de persecuciones contra los cristianos que provocaron la emigración de varios de ellos. A León llegaron unos cuantos, siguiendo al abad Alfonso y se asentaron en esta zona de la provincia. Sobre una iglesia visigoda, destruida por los musulmanes en el siglo VIII, construyeron este precioso monasterio mozárabe. Como anécdota hay que señalar que se construyó con “materiales reciclados”, entre los que se encuentran restos de la propia Lancia.

También sufrió los estragos de la desamortización que lo sometió al olvido. La parte monástica se perdió por completo, permaneciendo en pie la iglesia.

En 1886 fue declarado Monumento Nacional, y es el único que afortunadamente ha sido puesto en valor.

  • Monasterio de San Pedro de Eslonza: Fue en sus días el segundo más importante de la provincia, tras San Benito de Sahagún. Hoy es una completa e imponente ruina y, por supuesto, no cuenta con ningún interés por parte de las instituciones.

Fue fundado en el año 912 por el rey García I de León y destruido por Almanzor en el año 988. La infanta Urraca, hija de Fernándo I lo reedificó en el año 1099 y le concedió numerosas donaciones, una vez se convirtió en corregente de León y Castilla.

De nuevo la desamortización de Mendizábal provocó su abandono y el inicio de su ruina. Gran parte de las obras de arte que contenía se perdieron, a pesar de su declaración en 1931 de Monumento Histórico Artístico Nacional. Lo poco que nos queda de este impresionante monasterio, son sus ruinas, diversos cuadros y mobiliario desperdigados por los pueblos de la zona y sobre todo sus portadas integradas en la iglesia de San Juan y San Pedro de Renueva de León. Estas portadas fueron trasladadas a la iglesia capitalina por el Obispo Luis Almarcha que construyó dicha iglesia a mediados del siglo XX.

  • Monasterio de Santa María de Sandoval: construido sobre unos terrenos donados por Alfonso VII en 1142 a unos monjes venidos del monasterio de La Espina (Valladolid), se mantuvo habitado hasta el 1835, año en el que sufrió los estragos de la desamortización de Mendizábal, que lo condenó al abandono. Fue declarado Monumento Histórico el 3 de junio 1931, y hoy permanece en estado de semiruina, y por supuesto, sin explotar turísticamente.

Aparte de estas joyas arquitectónicas, la zona está plagada de pequeñas iglesias románicas, que amplían de forma considerable la oferta cultural y turística. Esto supone una enorme promesa de futuro que hoy en día se está desdeñando de una forma inconsciente.

Una buena planificación, la restauración de estas obras y su explotación para el turismo, generarían una considerable riqueza para todos los pueblos de la zona. Hoy es un territorio empobrecido y olvidado, con pocas expectativas. Sin embargo, ningún grupo político se para a pensar que en el cuidado y potenciación del pasado, se haya un rico y prometedor presente. Quizá porque esos grupos tienen una memoria que no dura más de cuatro años y no abarca otra cosa que sus propios intereses y egoísmos.

Esos que dicen representarnos, evidentemente sólo se representan a ellos mismos. El resto no vivimos en sus planes.

 

 

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