NEPOTISMO POLÍTICO

El abuso que se hace de la política, la prepotencia con la que ciertas personas ejercen su cargo público, no deja de sorprendernos a quienes aún creemos en el servicio público y en el uso responsable de un cargo político al servicio de los ciudadanos. Pero causa mayor espanto aún la dejadez y permisividad de la población en general ante las reiteradas malas prácticas de los políticos. Como en cierta ocasión dijo M. L. King,  es muy posible que esta generación tenga que arrepentirse no sólo por las virulentas palabras y los actos violentos de los malvados, sino sobre todo del vergonzoso silencio y la indiferencia de las buenas personas que permanecen sentadas.

Esta introducción se ha ilustrado perfectamente en León en los últimos meses. La corporación municipal decidió practicar una política de acoso y derribo de los servicios públicos y del personal adscrito a esos servicios. La excusa es la que ya sabemos de memoria, tanto a nivel local como nacional: los de antes lo han hecho mal; les han dejado una malísima herencia y “se han visto obligados” a tomar medidas muy duras. Es evidente que estos buenos señores aún no se han dado cuenta que el buen gestor es el que, independientemente de las cartas que le han tocado y por muy malas o trucadas que sean, le da la vuelta a la situación, y con inteligencia y maestría trabaja para generar un futuro. Estas personas son las que consiguen lo que quieren y las que producen buenos resultados. Por contra, el que ejerce de plañidera, aparte de destrozar todo lo que toca, sólo provoca hastío y aburrimiento.

Dándonos mucha pena nuestros ediles pusieron en la calle a más de doscientas personas. El partido que entró en el Ayuntamiento prometiendo mejorar los servicios públicos y, sobre todo, obsesionarse por el empleo, ha aumentado el paro en la ciudad y se ha cargado de un plumazo guarderías municipales, el albergue de peregrinos y ha reducido a la mínima expresión los servicios para las personas mayores. Pero “estaban obligados” a hacerlo, como también “estaban obligados” a bajar el sueldo de los empleados municipales  y a ellos mismos un 4%. Todo un detalle incluirse ellos en el lote, aunque se les olvidó mencionar que a los empleados públicos ya se les había reducido anteriormente el sueldo y que un 4% no pesa lo mismo en un sueldo de 800, 900, 1000 euros que en uno de 4000. Por último, también se les olvida que los empleados públicos cuentan con un solo sueldo, mientras que nuestros políticos cuentan con varios, más comisiones de todo tipo.

Tras estos meses de “austeridad” ha surgido por fin la luz al final del túnel. Y la luz en esta ocasión parece mostrar las verdaderas intenciones del equipo municipal. Con el “cuerpo” aún caliente de los recortes y despidos y con los últimos “ecos” del incesante lloriqueo municipal (no queríamos hacerlo, tenemos malas herencias, etc. etc.) la realidad nos golpea con la noticia de la “resurrección” de una de las “difuntas”: la antaño guardería municipal del Inteco, que ha pasado a formar parte de la familia de Carflor, empresa bastante vinculada a Nuria Lesmes, concejala de personal y “autora material” de los recortes y despidos.

Carflor es una empresa que lleva años medrando en Diputación, merced al “dedo” generoso de su Presidenta, que le ha otorgado varios servicios públicos que anteriormente prestaba esta institución. De Diputación ha dado el salto al Ayuntamiento, gracias a la presencia de “una de la familia” en la corporación municipal: la concejala de personal. De esta manera, el imperio puede seguir creciendo a costa de los ciudadanos de León. Por desgracia estamos tan desprotegidos que no hay ninguna ley que prohíba el nepotismo, pero no por eso deja de ser tan inmoral como vergonzoso que aquellos que han sido elegidos para servir a los ciudadanos, utilicen los recursos del Ayuntamiento para “hacer caja”.

Comencé mencionando las palabras de Martin Luther King porque lo peor de todo esto no son las acciones innobles de los políticos, sino la indiferencia que causan en la opinión pública. Los ciudadanos “pasan”, “ignoran” lo que pasa y prefieren “indignarse” cuando ya no hay remedio y los casos de corrupción son tan evidentes que no hay alfombras para taparlos. Pocas personas son capaces de entender que los recientes casos de corrupción que hemos sufrido en nuestro país, y los que vendrán, pueden evitarse con un poco de conciencia e interés político por parte de los ciudadanos, de las personas de a pie. No somos meros espectadores estáticos de la rapiña; somos los depositarios de la soberanía nacional, y podemos actuar a tiempo y en las urnas. “Reaccionar” cuando ya no hay remedio, pasando el voto de “estos” a los “otros” que siguen siendo los mismos, sólo agrava el problema, pues los partidos mayoritarios se sienten legitimados ya que, a fin de cuentas saben que tienen asegurados a sus fieles para la próxima ocasión. ¿Para qué van a molestarse entonces?

Quiero acabar parafraseando libremente las palabras de un político de la talla de J. F. Kennedy, que en un memorable discurso les dijo a los americanos que dejaran de preguntarse qué podía hacer su país por ellos, y comenzaran a pensar en lo que podían hacer ellos por su país. Dejemos pues de pensar en lo que nuestros políticos pueden hacer por nosotros y empecemos a hacer algo por mejorar la vida en nuestra ciudad y en nuestra pobre España.

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